jueves, 23 de octubre de 2014

Monologo ajeno número Dos

¿En realidad patrón, usted considera que el pobre soy yo? Usted es tan inepto, que hasta me tiene que pagar para que yo le haga su trabajo. Sí, yo he venido a construir sus sueños, porque usted es tan cobarde, que no se atreve a realizar sus sueños y debe dejar que otro se los construya.
Usted se considera tan fuerte y poderoso, dejando que las migajas de su mesa caigan hacia mi, cuando en realidad el que vive el sueño soy yo, pues yo tengo libertad, mis pocas monedas tintineando en mis bolsillos me recuerdan que no hay tierra propia bajo mis pies, es cierto, pero tampoco estoy atado a pertenencias banales que amarguen mi existir.
Sale el sol y lo encuentra contando sus monedas de oro una y otra vez, sale el sol y me encuentra respirando aire puro y fresco, indiferente a los quejidos de mi estómago vacío, pero con la conciencia feliz.
Si, su dinero es poder y estabilidad, pero le hace esclavo de la idea que si se acaba será nadie.
Si, mi pobreza es debilidad y pena, pero me hace libre y me da la certeza de ser alguién.

Usted siga siendo feliz, usted es tan pobre que solo su dinero lo consuela.
Yo seguiré siendo feliz, yo, que tengo tanta riqueza, que solo me basta ver al cielo para apreciar mi reino.

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